Rincón del Navegante

XIX Liguilla Dos Estaciones – Club de Vela Puerto Andratx – 18 de Octubre de 2015

Prueba 1

Tal y como la tradición manda, el tercer domingo de cada mes, de octubre a mayo, se navega en las aguas del Puerto de Andratx compitiendo a bordo de la clase crucero. Luce un sol otoñal sobre un mar apenas rizado por la brisa del sureste. Cuarenta y tres inscritos y casi cuarenta veleros sueltan hoy amarras e izan sus velas para inaugurar una nueva edición de la Liguilla Dos Estaciones, la décimo novena. Poco después de las diez de la mañana comienza el baile de maniobras y de bordos alrededor del Comité de regatas del Club de Vela, enarbolando éste la bandera de “aplazamiento” en su mástil y con los balizadores acompasándole en el cometido de ofrecer siempre la mejor regata posible, dadas unas condiciones meteorológicas a menudo imprevisibles y sorprendentes.

Pese a la incipiente calma a ambos extremos del litoral y a la incertidumbre de cuál sería la evolución del viento a lo largo de la jornada, antes de las doce del mediodía se da la primera señal de salida, rumbo a una baliza al 140º situada a una distancia de algo menos de dos millas y en la proximidad del cabo de la Mola. Nada mejor que un recorrido barlovento/sotavento para despertar la índole de los regatistas más avezados animando a la vez a aquellos neófitos en sus primeras armas. La heterogeneidad de la flota sigue siendo una nota característica en esta competición, en la que cada embarcación encuentra un lugar acorde a sus características y preparación, aportándole al armador y a su tripulación emociones que, verosímilmente, se corresponden con las aspiraciones puestas a la hora de embarcarse y competir.

Con un viento de seis nudos, persigo la estela de cada participante a bordo de una neumática, cambiando completamente mi habitual perspectiva, la de aficionado regatista, con la de un observador a la caza de imágenes en un día de regatas y apuntando “versos” para luego, plasmarlo todo. Pasadas las doce, una segunda salida llenaba el horizonte de destellos, de cimbreantes telas y de rígidos laminados. Las mojadas obras vivas, mostrándose tímidamente por una banda, o por la contraria ocultándose al inclinar sus costados sobre las calmadas aguas, surcarían las olas en la primera ceñida. Seguiría una empopada para los más rápidos, que antes de llegar a sotavento con los spis débilmente hinchados, deberían arriarlos para volver a cazar escotas y ceñir tras un expedito y repentino role de casi 360º que afectaría a todo el campo de regatas, intercambiándose los tramos barlovento/sotavento sin afectar al recorrido. Tal y como previsto por el parte, la Tramuntana, haciéndole pequeños guiños a Mistral, reinaría durante el resto de la jornada con mayor intensidad en el ahora barlovento, apuntando hacia la isla Dragonera y mas débilmente a sotavento cerca de los abruptos del puerto.

Just the Job, el nuevo y flamante J97 gris oscuro de Scott S. Beattie, tras un recorrido de diez millas y media, cruzaría la línea de llegada triunfando en su estreno y en la mayor de las clases, con Petrus-K, de Jaume Binimelis pisándole los talones y el Blaumarina, de Miguel Enseñat algo más alejado. En la clase menor, Andrea, de Raúl Muñoz Lirio, completaría las dos vueltas del recorrido de tres millas y media de manera impecable, subiéndose a lo más alto de un podio completado por el Calabruix, de Javier Muñoz Martin y Calm Days, de Luís Andrés Portella.

De ganadores y podios inevitablemente se escribe aunque no puedo olvidar al resto, protagonistas todos de una espléndida regata: un comienzo esperanzador para muchos nuevos competidores que se alternan a los que ya no están. Intérpretes que han magnificado esta competición que ahora están presentes de otra forma y a los que perseveran en alentar una sana afición con deportividad y arresto. En las pequeñas historias de mar que se narran aquí, en el Club de Vela, se puede apreciar lo que todo el colectivo ha desarrollado en cuanto a la forma de hacer regatas, tras casi dos décadas, adaptándose a las necesidades de los deportistas que en éstas compiten. Es por esta razón que los cambios son inevitables. Diferenciar la clase cuatro de la tres y juntar esta última con la uno y la dos, le confiere ahora, perdidas las esloras mayores, un nuevo aliento a la Liguilla y más participación en cada una de ellas. Técnicamente quizá se pierda algo en la rigurosa aplicación de un sistema (ORC) que necesita fraccionar lo más posible a la flota para obtener compensaciones razonablemente exactas entre barcos iguales entre sí… quizá. Pero no todo son matemáticas cuando se trata de juntar a una flota tan diversa, tan numerosa y en su mayoría aficionada. En una regata social de esta envergadura y talante, sin lugar a dudas, la apuesta hecha para esta temporada será acertada. Esta primera prueba así lo señala.

Luca Monzani - Mavromatty