Rincón del Navegante

XIX Liguilla Dos Estaciones – Club de Vela Puerto Andratx – 15 de Noviembre de 2015

Prueba 2

Sintiéndolo en la suave brisa del noroeste y mostrándose sobre un mar cerúleo colmado de contrastados centelleos, este otoño sigue sin despertar, aun cuando el calendario indica todo lo contrario.

La amplitud, la variedad y el color de las velas, envergadas y rellenas de este apacible Maestral de diez nudos de intensidad, marcaría, en el agua, la cadencia de las diferentes esloras en las distintas clases, entremezclándose unas y otras en numerosos encuentros frente a la desigual costa, bien rozándola o alejándose de ella hacia el mar abierto. El recorrido, de poco más de nueve millas náuticas navegando alrededor de las islas del litoral, añadiéndole a la mayor de las clases un tramo barlovento/sotavento de tres millas, sería el escenario de la segunda prueba de la Liguilla Dos Estaciones y de su flota, que ya supera los cuarenta barcos arrumbando puntualmente hacia las boyas y los escollos de una nueva y emocionante singladura. Tras la primera salida cerca de la Mola, a las once y diez de la mañana, los primeros ceñirían a rabiar para alcanzar la primera boya al viento, rumbo 315º, para librarla e izar tras ésta, sus henchidos spinnakers, mientras la clase cuatro, saliendo catorce minutos más tarde, pondría rumbo directamente a Punta Galinda. En este vaivén, los primeros reanudarían su andadura virando la baliza de sotavento y persiguiendo la estela de los más pequeños, ciñendo nuevamente hacia el caprichoso “freu” de Tramontana, donde al otro lado del quebrado, habría que contener y domar los caprichos de la azarosa corriente, secundando el velamen encaprichado que en algún momento, volaría en contra de sus hechuras sacudiendo las jarcias…

La intensa empopada de regreso sería una parte decisiva de esta regata, intentando huir de la calma que iba prosperando tras las estelas de los que conseguían librar el Cabo Lebeche. “Cremise”, de Tian Palmer, esta vez triunfaría con una apabullante ventaja sobre un sorprendente “Ana Ema”, de Esteban Gómez Serrano y “Andrea” de Raúl Muñoz Lírio. “Calm days”, de Luís Andrés Portella y “Drac Blau” de Carlos Hellín García, protagonistas de una magnifica primera parte, mostrarían muy buenas maneras y un potencial considerable y a tener muy en cuenta en el futuro. Algunos quedaron atrapados cerca de tierra, encalmados: “Haddok”, de José Ramón Arolas cruzaba la línea de llegada muy meritoriamente con las luces de un cálido atardecer, consiguiendo, tras casi cinco horas y media de navegación, escapar de la cara norte de la isla Dragonera, cerrando tras de sí la lenta procesión de quienes rendidos, optaban por retirarse en ambas clases.

En la clase mayor, el novísimo “Just the Job”, de Scott Beattie, vencía nuevamente y con un discreto margen sobre “Petrus-K”, de Jaume Binimelis, muy en forma y repitiendo un muy trabajado segundo puesto; “Machichaco”, de José Ángel Quintero Romero completaba este afamado podio prevaleciendo sobre “Hilbo” de Hillary Bradshaw, cuarto, en un gran final y por un escaso margen.

La preparación, los medios, la habilidad, el instinto y la suerte se reparten a cada milla, a menudo con sorprendente ecuanimidad. Sin embargo, a veces uno tiene la sensación de que ésto no sea así al cruzar la línea de llegada. Insatisfecho con su rendimiento o con su “suerte”, una reacción malcarada puede ahondar perniciosamente en el espíritu de quienes se esfuerzan por dar lo mejor de sí, especialmente si ésta se produce en tierra y en la oficina de regatas. La persistente polémica que algunos personajes exhiben frente al resultado expresado en las clasificaciones, pone sistemáticamente en duda la imparcialidad y la integridad de una valoración objetiva que hace el Comité de unas condiciones habidas, de una información amplísima que tiene en cuenta, no solo de las condiciones meteorológicas, sino de la heterogeneidad de una flota que compite en una extensa área, para luego procesarla a través de un programa informático. Dicha información, además de ser ponderada, es competencia única del oficial de regatas que es quien toma la decisión de aplicar un parámetro u otro, significando con ello que, aunque las variables existen en un porcentaje difícilmente previsible, los resultados pueden variar en una medida igualmente proporcional y no son ni deberían ser en ningún caso materia de confrontación ni de coerción. Señorear el esfuerzo y la ambición en el deporte es una actitud fundamental, más allá del resultado final.

Los Halcones de Eleonor emigraron. El águila pescadora y los cormoranes siguen alzando el vuelo entre los peñascos de la cara más agreste de la isla, rozando luego las crestas de las olas para finalmente en picado, dejarse caer bajo la superficie del agua. Una nueva ocasión ésta, para buscar la imagen que represente la intensidad de la prueba: una extensión de veleros plasmados en brillantes claro oscuros que describiéndola, me hacen sentir como si de veras estuviera embarcado y compitiendo en un todavía apacible Mediterráneo.

Luca Monzani - Mavromatty